El desconocimiento que regía las creencias en la Antigua Grecia y promovía la filosofía con el ansia de conocer, se adentra en las aulas del siglo XXI mediante la ironía de un componente que ofrece toda la información descubierta. El instrumento de enseñanza deja de ser un docente para ser una máquina cuando el profesor tiene las mismas dudas que los alumnos.
Existen materias con una estricta metodología para resolver las tareas, como las llamadas asignaturas de ciencias. Entre ellas, destacan las matemáticas, la física y el dibujo técnico. Sin embargo, no todas son así, pues algunas presentan ambigüedades que asignan inexactitud a las soluciones propuestas por el alumnado. Las asignaturas que mejor concuerdan con este perfil son aquellas en las que se estudian los idiomas. De esta forma, en algunas actividades propuestas, varias respuestas pueden ser adecuadas, pero solo una es la más precisa y por lo tanto, la más apropiada. La falta de contexto, las traducciones directas y mezclar el manejo del idioma que se tenía en el pasado y se tiene en el presente favorece esta situación.
No obstante, la predisposición al error parece que comienza por las propias autoridades de los idiomas cuando en una misma lengua no hay un único diccionario que establezca las leyes que se deben seguir, sino que haya varios y cada uno instaure unas normas. El lenguaje más hablado del mundo, el inglés, padece de este problema. Aunque, el resto de idiomas no son perfectos, pues pueden tener un conjunto de literatos que cambie periódicamente las normas de análisis sintáctico o las pautas de corrección ortográfica. Un ejemplo de esto es el español, un idioma derivado del latín con su propia Real Academia (RAE) que cada cierto tiempo renueva la forma de analizar sintácticamente las oraciones,
la denominación la que se refiere a cada tipo de oración o el sistema de acentuación.
Los docentes ante esta situación tan solo pueden acatar las normas más recientes del uso del lenguaje y en el caso de idiomas como el inglés, estudiar las últimas novedades de todos los diccionarios que existan en esa lengua. La tarea mencionada se complica cada vez más ante la facilidad de adaptar palabras a un idioma como es el inglés, por ello los lingüistas, traductores y filólogos que se dedican a la enseñanza poseen unos conocimientos que no serán válidos en todos sus años de docencia a pesar de que recuerden todo lo aprendido.
En conclusión, con la globalización y la unión de culturas que Internet ha propiciado en las últimas décadas (comentado también en este blog), las plataformas digitales en muchas ocasiones serán quienes respondan las dudas de los estudiantes en situaciones de ambigüedad pues, se podrán comunicar personalmente con otros estudiantes y nativos. La relegación del equipo educativo no será total, pero, Internet es un gran complemento que progresa exponencialmente para la resolución de dudas que puede tener un alumno y un profesor al no saber solventarlas.
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