Prioridades vitales

En los tiempos que corren, la reflexión y la opinión crítica están siendo derrotadas frente a la vaga elección grupal de la cómoda credulidad. Los apoyos cruciales para mantener esa decisión tienen su raíz en la mentira, su tallo son las personas más influyentes y el fruto es el engaño con el que se alimenta el ciudadano. 

El estudio del pensamiento como asignatura ha estado presente en los institutos durante las últimas décadas, pasando por diferentes etapas en las que era obligatoria u opcional. Aunque, en ambas situaciones se planteaban los alumnos la misma pregunta: ¿de qué me sirve aprender esto? La pregunta mal formulada y en ocasiones mal respondida viene favorecida tanto por el ambiente en el que vive quien la formula como por la curiosidad de este. El desatino con el que se plantea la cuestión estriba en la visión pragmática cedida por la importancia de la economía en la actualidad, pues esta pregunta viene derivada de otra que contiene rasgos similares; ¿qué vas a hacer para ganarte la vida?

La enunciación de una cuestión tan compleja provoca que desde pequeños tendamos a orientar nuestro futuro de una determinada manera alentados por ideas basadas en una mayor ganancia económica. De esta manera también se empiezan a establecer las prioridades, siendo la principal el dinero. A pesar de que, siguiendo este camino todo lo ganado tan solo será material y se habrán perdido por tanto numerosas relaciones de la persona con todo lo que es incorpóreo. Las ganancias del mundo material no son nada comparadas con el fruto que se puede obtener del mundo inteligible según Platón. Apoyarse en este criterio de elección en contraposición con el anterior para anteponer unas preferencias a otras puede enfrentarse a su vez con el pensamiento de Aristóteles, que englobaba a los amigos, el conocimiento, la salud y la riqueza. 

Sin embargo, ninguno de estos pensamientos será conocidos ni comprendidos por quienes tan solo ansían perseguir una olla llena de monedas de oro en lugar de abrir el tesoro del pensamiento. La pena puede resultar todavía mayor si se destaca que el dinero puede ser buscado, pero no conseguido y el pensamiento se encuentra al alcance de todos. Del mismo modo, el dinero no puede comprar una libertad perpetua, mientras que la cultura propicia la salida de la caverna del conocimiento junto con unas alas sempiternas.

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