El caso Dreyfus y la política

Con el apresurado sistema educativo actual, son incontables la de acontecimiento históricos que caen subrepticios ante el decurso de lo que antes se estudiaba y ahora se escucha. Ante estas circunstancias, se derrumba un muro cultural, levantado con las lágrimas de quienes formaron parte de él. ¿Lo peor? Las consecuencias y su banalidad colectiva. 

 

Las preocupaciones que sustentan la vida de cada uno, contribuyen a un desinterés común por la intranquilidad de otros, colaborando con el egoísmo que caracteriza al ser humano y provocando a su vez, una división radical de ideales. Esto se puede ver reflejado en discursos, lemas y mítines políticos.

Sin embargo, aquello que funde el primer problema y el segundo se halla en las estrategias políticas abordadas en la última campaña electoral en España. Y es que, todo el mundo cuando escucha hablar de antisemitismo piensa en la Segunda Guerra Mundial y en Adolf Hitler, pero pocos recuerdan casos en nuestra historia reciente como el Caso Dreyfus. 


Este trascendental asunto que aconteció hace escasos 130 años marcó una división entre ciudadanos franceses nunca antes vista, conllevando una profunda crisis social y política durante 12 años. De esta manera fueron numerosos los escritores y filósofos que se enfrentaron a favor de la condena de Alfred Dreyfus, con figuras conocidas como Jules Verne (Julio Verne) o Émile Zola. 

Cuantiosos lemas antisemitas surgieron en aquella época y hoy los tratamos con vergüenza o repugnancia,¿verdad? Más quisiera la memoria histórica. Una vez más, el ser humano se tropieza con la misma piedra a medida que solo unos pocos perciben el daño que se está causando. Es un dolor encubierto por miedo al desprecio o al aislamiento. 

Este odio promulgado con lemas cortos y cadenciosos se pueden escuchar en la televisión o leer en panfletos con palabras sueltas que requieren de poca imaginación y calan en el ciudadano. Estos términos univerbales ponen el punto de mira en cómo se convencía antiguamente para persuadir a un grupo de individuos en contra de otros. Si se profundiza un poco, se verá que en el caso de los judíos, se les atribuía la posesión de tierras y de negocios, es decir una forma de poner al pueblo en su contra podía ser achacándoles el campo del que se beneficiaban. También, en otros casos se les trataba de expulsar del país en el que se encontraban, cargando los discursos políticos de la palabra familia o país para apelar a la unión de quienes pertenecían a esa zona.

La situación se manifiesta diferente a la de hace 130 años porque hoy se cree en una democracia y que un partido político no puede odiar a una parte de la población. Se tienen antecedentes de lo que conlleva ese odio y el desenlace trágico que tiene, con la sibilina paz que conlleva y el cíclico malestar que expone. A estas alturas, el beneficiario es el político que se aprovecha del odio, porque de una sociedad enemistada surgen las guerras, las mayores ergástulas modernas.




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